lunes, 12 de abril de 2010
El susurro de la ilusión
Nos quedamos atascados en el tráfico por tres horas. Fue la fatalidad que definió como inevitable lo que ambos habíamos postergado por años.
Y hoy tengo que darte la razón. Nos quedamos estancados en unas siete de la tarde eternas. Miré el reloj y pensé en las siete veces que me inventé excusas para llamarte. Las más de siete veces que me olvidé de mí en tu boca y soñé con tus manos… por Dios esas manos.
¿En qué me había metido? ¿Porque acepté que me alcanzaras hasta ese cumpleaños al que ni ganas tenía de ir?
Sin embargo, mi poder para actuar como si nada pasara cada día me sorprende más. De pronto podía hablar con la facilidad de un orador acerca de las preocupaciones de las hormigas en un día de lluvia como formular hipótesis acerca de la inmortalidad del amor.
El entusiasmo fue mutuo hasta que los temas se acabaron y por fin me callé la boca.
Y como si existieran niveles, juro por mi poder de oratoria, que nos hicimos el amor en el primer nivel de nuestro primer beso.
jueves, 18 de marzo de 2010
Prisionera del caramelo pegajoso de tus palabras, esponjosas todas, inolvidables todas.
En el aire resuena un tango conocido con sabor a juventud. Otra vez, el estar en el momento justo, en las notas perfectas, en las risas y en el secreto de saber que solo vos me ves.
Por culpa del éxtasis de un baile brujo y experto en insolencia, enloquecí en tu cuerpo y fui adrenalina de lo desconocido.
Ansías todo, Torbellino. Encaprichado con el futuro sos guerrero de tu presente. Un hacha de madera cuelga de tu cuello, trofeo de una eterna pelea.
De nuestras peleas. Mi bailarín.
Balada para él
Letra: Horacio Ferrer
Música: Astor Piazzolla
Cayó la tarde y él tenía tangos,
whisky en la zurda y, en la otra, sed.
Su voz, un gusto de magnolia macho,
los muslos duros de saber volver.
Cayó la tarde y él tenía tangos,
tangos alzados que sabía él, él, él.
Él te sembró toda la piel de quieros,
y quiero a quiero calentó tu piel,
desabrochó tu soledad por dentro,
de un sólo quiero y de una sola vez.
Él te sembró toda la piel de quieros,
quieros enteros que mordía él, él, él.
Su boca encinta de un misterio bravo,
diez hembras hondas te empujó a crecer,
porque en tu pelo y tu silencio largos,
veinte varones él sabía ser.
Su boca encinta de un misterio bravo,
misterio en fardos que cargaba él, él, él.
Y tuvo tangos, otra vez, su tarde
porteñamente sangradora y fiel,
cuando se fue con todo el beso al aire,
whisky en la zurda y, en la otra, sed.
Y tuvo tangos, otra vez, su tarde,
la tarde grande que moría en él, él, él.
martes, 8 de diciembre de 2009
Decisión
Elegí dos películas de Woody Allen que se que te gustarían, y encontré por fin el lugar perfecto para una cena romántica.
Tengo la canción perfecta para cantarte y tres platos que me animaría a cocinarte (sin demasiadas garantías)
Encontré el lugar más lindo para andar en bicicleta y luego pasarnos la tarde hablando tonterías.
Solo que no me animo a decírtelo.
domingo, 6 de diciembre de 2009
El rodeo
Donde Eros se reencuentra.
Descripción densa de una habitación cerrada y a oscuras con tres lágrimas silenciosas, una pregunta, botas de cuero, un jinete.
El jinete.
Desafiante, sujeta las riendas de la provocación continua. Silencio afuera. Incertidumbre dentro.
¿Cómo se lo que vendrá ?
Los cabellos le brillan en la negrura de un escenario especialmente montado para la ocasión, se ha puesto hermosa en virtud de la multiplicidad de besos que le han dado en su vida y hay quienes dicen que los años le sientan bien.
¿Qué sabemos del jinete? El cabalga con seguridad y se le ha encarnizado una mirada felina.
Rodearme de vos
¿Quién se atreverá a fotografiar el instante en que el correteo finalice y estos dos se vuelvan el apetito y la sed de los verdaderamente libres?