domingo, 1 de mayo de 2011

Ser demasiado sensible

Hace no muchos años, un hombre treintañero me calificaba de “demasiado sensible”.  
Demasiado sensible para las ventas telefónicas. Demasiado sensible para no comprender sus bromas. Demasiado sensible para soportar las injusticias de la rutina laboral diaria.
Parecía este joven plantear que existen grados de sensibilidad soportables –para él - y eficaces para salir airosa de alguna situación. Pecado era serlo en demasía.

¿Se puede entonces medir la sensibilidad?  ¿Cómo sería tal empresa posible? ¿Escribimos las palabras dichas, tomamos nota de los ceños fruncidos, pesamos las lágrimas caídas,  cuantificamos rostros enrojecidos?
Sería casi sin lugar a dudas, algo interesante de observar.  Pero…  ¿había medido mi sensibilidad sin que yo me diera cuenta?
Parada frente a él, de ceño fruncido y luego de escuchar su categorización… le di  la razón.

Su comportamiento, muchas veces violento, reflejaba el modo en que él percibía el mundo, nuestro mundo compartido diariamente y éste no era coincidente con mi percepción de la realidad: era yo demasiado sensible para su subjetividad y me transformaba a mí en una amenaza a su modo de ver las cosas.
Al tiempo, me alejé de este entorno en búsqueda de nuevos horizontes.

Hoy confirmo que sigo siendo sensible, y creo que cada vez lo soy más.   No solo soy sensible al romanticismo de a dos o a contemplar los bellos atardeceres en soledad, sino también soy sensible a registrar a aquellas personas que con total impunidad nos apuntan para que callemos, obedezcamos y transitemos la única vida que tenemos amoldándonos a sus modos y formas de ver.
Me emociona poder ver la posibilidad de cambio que tenemos dentro. Me hace feliz saber que podemos ser artesanos y protagonistas de nuestra vida y creo que ser sensible a estas virtudes, es un buen medio para alcanzar lo que imagino y sueño.

Sí, sé que soy demasiado sensible... pero no necesité medirlo, porque tan solo lo siento.

martes, 15 de marzo de 2011

Diálogos preliminares a una obra de teatro

- ¿Qué tal Mar del Plata? ¿Hiciste playa?
- No. No me gusta la playa.
- ¿Y qué hiciste todo el verano?
- ¡Qué buena pregunta!
-…
- Bah… Sí, fui a la playa algunas veces. O sea, iba después de las 6 de la tarde. No me gusta la gente. No me gusta la playa en Mar del Plata.
-¿Conocías acá?
- No.
- Yo tampoco.
- ¿Cómo haces eso?
- ¿Qué cosa?
- El Queso
- Ah… Que se yo… Es una historia larga esa y falta poco para entrar a la sala…
- Yo muero por ser queso
- Sí... Todos soñamos con ser queso alguna vez… Algunos lo son toda la vida.
- Pero yo quiero ser queso casero… hecho por vos.
-Jajaja! ¡Las cosas que decís!
-Mirame
-Nooo! 
-Sí, mirame y haceme queso.
-¿Acá?
- Sí!
- Shh! Nos miran todos! Jajaja!

Entradas, por favor…

- Ratona.
- No es eso… Requiere tiempo y preparación, no se hace en un ratito... Che, después de la obra que hacemos? ¿Unas pizzas?
- No. Me cae mal la muzzarela.
- Envidioso.

viernes, 11 de marzo de 2011

Nombraré en voz alta la cobardía que te rodea hasta expulsarte de mi universo.
Atrás quedaron los kilómetros viajados y mi ticket to ride.
No me importan ni tu dulzura ni el río que descansa en tus ojos. No, ya no.
Silenciaré tus recuerdos porque yo sí puedo.


Hoy has vuelto a morir.
Merci bien. Gracias por todo.


domingo, 29 de agosto de 2010

Raíz



Y es que a mí me guiará una voz…
Tu Voz

Nunca se durmió tu canto,
 sigue golpeando fuerte en el pecho,
como un bombo que repiquetea en mi alma

Es tu latido de ángel libre
que no cesará a pesar del paso de mis estaciones…

Recuerdo que el otoño creyó verte partir 
y las hojas del alba cayeron
para besarte los pasos,
para sentir cómo era tenerte cerca,
para conocer cómo era la amistad de la que todos hablaron.

En tus primaveras, fuiste el cantor que abrazado a su guitarra
transitó la vida junto a expresivas voces,
deseando todas armonizar el amor y la añoranza.

En este invierno porteño, tu grave y cálida voz abrigó mis sueños
y se fundió en este poema.

En cada verano, se que Santiago arderá al extrañarte
y al evocarte sonará una chacarera.

Y es que solo seré lo que crezca de mi raíz,
mi padre.

lunes, 9 de agosto de 2010

Parole

Por primera vez, no quiero definirte o categorizarte, o guardarte en una cajita o saber siempre dónde encontrarte. Sí quiero subirme a ese tren, buscarte, bajarte del estante, ponerte en un papel de regalo azul, desenvolverte, mirarte.

Mirarte cuando te subas a tu bicicleta un día de lluvia, que me cuentes qué te hace soñar y que te sonrojes con mis piropos.

Que rías a carcajadas, que te rías de mí y de mis cajitas, y que me enseñes a hacerlo con vos. Que cantemos debajo de esa lluvia y escuchar tus declaraciones de principios una y otra vez, cerrar los ojos para no ver las ranitas, y tomarme de tus manos para volver a soñar, y soñar.

Sos sorpresivamente real para mi mundo al que serás siempre bienvenido.

(Y dicen que así se siente la vida)  

viernes, 18 de junio de 2010

Some people live just to play the game (A. Keys)

Viajo en la línea del subte A... subo en la estación Acoyte un miércoles después del mediodía.

Me impregna un olor a mandarinas.

Mi protagonista mueve sigilosamente sus manos arrancando la cascara de a poco, en cámara lenta. Sus ojos se concentran en su presa, unos gajos del placer que está a punto de poseer.
A ella le gusta pensar que ha sido creada por una razón especial y que no es cualquier chica. Tiene veintidos años, el pelo enrulado, y a su cuello lo cubre una bufanda blanca de lana.
Un piercing me saluda desde su ojo derecho y aunque esta chica podría parecer rebelde, sueña con casarse de blanco y se emociona al escuchar el Ave Maria.

Pela una rebosante mandarina por completo, la abre a la mitad.
Los gajos la miran y noto que se han enamorado. Hay cinco gajos que se sonrojan... son los tímidos del grupo, a veces simplemente prefieren mirar para otro lado ante la presencia de señoritas jóvenes y soñadoras.

El resto estalla en carcajadas nerviosas. Claramente no saben manejar la situación pero el corazón se les acelera, se derriten, le salpican la cara y le mojan las manos. Ella saca un pedazo de papel de su mochila, se limpia las manos y la cara. Elige uno, lo corta y lo separa del resto.

Entonces ahí los gajos compañeros abren grande sus ojitos sin entender qué pasa, se aprietan entre ellos y al gritar desaforados se confunden con el ruido ensordecedor de las vías del subte, las voces de la gente que se habla a sí misma y un bebe que se acaba de largar a llorar. El caos. La luz se entrecorta y sube más gente al subte. Sus labios ya apresan al gajo que se ha entregado.
Ella bajó en la estación Perú. Las cascaras quedaron en el piso del subte ya vacío…

La muerte les llegó a uno por uno aquel miércoles después del mediodía. 
Después de un idílico amor a primera vista. 
De esos que solo suceden en el subte.

lunes, 12 de abril de 2010

El susurro de la ilusión

Eran las siete de la tarde cuando declaraste: “Esto no avanza más”

Nos quedamos atascados en el tráfico por tres horas. Fue la fatalidad que definió como inevitable lo que ambos habíamos postergado por años.
Y hoy tengo que darte la razón. Nos quedamos estancados en unas siete de la tarde eternas. Miré el reloj y pensé en las siete veces que me inventé excusas para llamarte. Las más de siete veces que me olvidé de mí en tu boca y soñé con tus manos… por Dios esas manos.

¿En qué me había metido? ¿Porque acepté que me alcanzaras hasta ese cumpleaños al que ni ganas tenía de ir?
Sin embargo, mi poder para actuar como si nada pasara cada día me sorprende más. De pronto podía hablar con la facilidad de un orador acerca de las preocupaciones de las hormigas en un día de lluvia como formular hipótesis acerca de la inmortalidad del amor.

El entusiasmo fue mutuo hasta que los temas se acabaron y por fin me callé la boca.
Y como si existieran niveles, juro por mi poder de oratoria, que nos hicimos el amor en el primer nivel de nuestro primer beso.